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Desaparecidos Uruguay

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Golpe De Estado Uruguay 1973 Resumen

Bajo el gobierno militar de Uruguay hay, por tanto, fundamentalmente dos características. Estas son la naturaleza junta del régimen y la determinación, con la que en el momento potencial del golpe de Estado se preparó para ejecutarlo sin demora.

Golpe De Estado

El proceso de deterioro de las instituciones fue vivido dramáticamente por una sociedad que sólo con lentitud dejó de tener fe en ellas, y culminó con el Golpe de Estado que las Fuerzas Armadas protagonizaron el 27 de junio de 1973, disolviendo las cámaras legislativas y asumiendo, bajo la cobertura del presidente civil Juan María Bordaberry (1972-1976), la totalidad del poder público hasta febrero de 1985.

El esquema de análisis de Garretón (1983, 1984) para la caracterización y evolución de los nuevos autoritarismos del Cono Sur, combina dos dimensiones. La primera dimensión, de tipo reactiva o defensiva y, expresada fundamentalmente a través de una lógica represiva y contrarrevolucionaria, se acomete a desarticular la sociedad precedente, particularmente, la matriz de constitución de los actores socio-políticos. La segunda dimensión, de tipo transformadorao fundacional, se propone, bajo algún esquema de capitalismo moderno e inserto en el sistema internacional, reorganizar la base material y el armazón institucional de la sociedad, así como crear un nuevo orden socio-político, con una nueva matriz de constitución de sus actores (1984, 12-13). El peso de cada una de estas dimensiones variará en función de las especificidades de los casos nacionales, de la etapa en la que se encuentren los regímenes en cuestión. La magnitud y el alcance de la dimensión reactiva estarán asociados, por un lado, al nivel de amenaza inicial percibido y a la connivencia de buena parte de la sociedad respecto a la represión desplegada, y por el otro, a la eficacia del aparato castrense en ese accionar represivo. El grado de concreción de la dimensión fundacional, por una parte dependerá de la conformación de un grupo hegemónico dentro de los sectores afines al régimen, capaz de conducir el proyecto trascendiendo los contradictorios intereses fraccionales en pugna, y por otra parte, dependerá de la capacidad de la sociedad civil para resistir a los cambios impulsados por la dictadura. A la luz de las dos dimensiones presentadas, Garretón grafica la trayectoria de los regímenes autoritarios, identificando cuatro fases en su evolución. i) La primera es una fase reactiva. Si bien el componente represivo, al ser una característica propia de los autoritarismos, está presente en todas las etapas recorridas por estos regímenes, en el tramo inaugural de los mismos –coincidiendo generalmente con su instalación–, el (ab)uso de la fuerza se encuentra especialmente explotado. En esta fase, la dimensión fundacional aún no está activada, y en cambio, las energías del régimen están puestas primordialmente en la eliminación de los adversarios contra quienes se perpetró el golpe de Estado, y en la desarticulación del orden social anterior. Las FFAA asumen aquí el rol protagónico, guiadas por el prisma ideológico de la “seguridad nacional” con el cual, en aras de “salvaguardar a la nación” de la “anarquía y la debacle”, autojustifican su brutal accionar represivo. Por otra parte, conmocionados por el convulsionado período que precedió al coup, unos sectores de la sociedad observan el proceso con temor, y otros tantos con complicidad. La derrotada oposición, en tanto, procura sobrevivir física, y de ser posible, organizativamente a la nueva realidad política (1984, 16-17). ii) Una vez “restaurado el orden”, la legitimidad contrarrevolucionaria en la que el régimen se había basado inicialmente se ve prácticamente agotada. Aún cuando la dimensión reactiva y las tareas de normalización y mantenimiento del orden continúen teniendo asidero, emerge ahora la necesidad de buscar una nueva legitimidad, y de definir un nuevo modelo de desarrollo, un nuevo modelo de sociedad y un nuevo modelo político proyectado hacia el futuro. Se abre así una fase transformadora o fundacional en la que se pretende configurar una nueva hegemonía a partir de la reestructuración capitalista interna y la reinserción en el sistema capitalista mundial, pero también de la construcción de un nuevo orden socio-político coherente con ese esquema económico (1983,72). Dentro del bloque hegemónico, la DSN y la lógica puramente militar dejan de ser dominantes para combinarse con otras concepciones ideológicas aportadas por elencos civiles (representantes del empresariado y del capital financiero, intelectuales, tecnócratas) imbuidos en los paradigmas del neoliberalismo y la tecnocracia (1984,19). La dimensión fundacional se expresa aquí en la búsqueda por diseñar una nueva institucionalidad, en tanto reglas de juego que, conforme al nuevo “proyecto histórico”, sienten las bases para un nuevo marco de relacionamiento social, y para un nuevo marco de relacionamiento Estado-sociedad. La lógica fundacional o transformadora plasmada en la determinación de estos regímenes por construir (e institucionalizar) un nuevo orden socio-político, trasciende la mera lógica reactiva o defensiva, llegando, en algunos casos, según Garretón (1983, 74) a adoptar un carácter “revolucionario”, en clave capitalista y antipopular. En palabras del autor: (Source: www.scielo.edu.uy)

 

 

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